Aunque no nos demos cuenta, la manera en la que usamos nuestro lenguaje es impresionante. Nosotros no tenemos ningún problema (lingüístico) con preguntarle a algún desconocido cómo encontrar el cajero más próximo. De la misma manera podemos tener alguna idea y gracias al poder del lenguaje natural la podemos compartir, al igual que el conocimiento adquirido a través de la experiencia. No sólo eso, también podemos adquirir conocimiento a partir de las experiencias de otros, incluso de personas que dejaron esos conocimientos plasmados en libros escritos muchos años de que naciéramos. Si no fuera por el lenguaje natural, el lenguaje humano, todos nuestros conocimientos serían difíciles de transmitir y administrar.

Por ejemplo si digo:

  • El árbol cayó de la casa.
  • La casa cayó de el árbol.

La reacción que provoca cada una de las oraciones es diferente. La diferencia reside en el orden en el que se encuentra cada una de las cláusulas, porque las palabras son las mismas, las mismas letras y los mismos sonidos. Lo único que varía es lo que está antes y después de “cayó de”. Por la experiencia que hemos adquirido con el tiempo, sabemos que “cayó” es la palabra que usamos para representar que una entidad, que entendemos con características más materiales, realiza un desplazamiento en un sentido específico (arriba hacia abajo), en un tiempo anterior al momento de la locución. Además agregamos la palabra “de” que nos indica un desprendimiento del objeto de otro que normalmente imaginamos de mayor tamaño. También hemos aprendido que árbol y casa son entidades más materiales y más grandes, por lo que parece anómalo que un árbol caiga de una casa o lo inverso. Pero también tenemos conocimiento del mundo que nos ha enseñado que se pueden construir casas en los árboles así como existen árboles dentro de casas.

El párrafo anterior es un ejemplo de la complejidad que se puede encontrar en una expresión pequeña y sintácticamente simple. Y gracias a ese conocimiento podemos contestar preguntas de mayor complejidad como: “¿Qué estaba arriba de qué?” o “La acción que se describe en el ejemplo, ¿ocurre en el futuro?”.

Por esto podemos decir, sin que sea una definición absoluta, que la semántica es el proceso por el cuál comunicamos información suficiente para que resulte en una acción. Por esta misma razón se puede usar la semántica para representar, combinar y compartir conocimiento entre grupos de máquinas y se pueden crear sistemas computacionales que puedan reaccionar ante tal conocimiento.

La mayoría de los programadores han usado la semántica, por ejemplo cuando le asignan un valor específico a una variable. En los lenguajes que fuerzan la declaración semántica de la variable, la semántica es explícita. Esto permite que otros programas pueden usar los datos arrojados por este programa.

Esa es la importancia de la semántica en los sistemas de cómputo, en el siguiente post hablaremos sobre como ocurren estas transacciones de información en la web.